MANZANILLA

Llueve, como con indecisión, quizá suponiendo
que aún no es tiempo para el diluvio.
Es como mezquindad inocente,
un capricho pueril del clima,
un egoísmo de nube obstinada
en negarse a entregar su don.
Pienso en esa mata esmirriada
de manzanilla,
al borde del caminito que cruza
el baldío, en medio de dos barrios.
Apenas unos centímetros sobre
la tierra seca, con sus hojas
sufrientes bajo el sol de la siesta.
Sus hojas pequeñas de por sí,
contraídas por la sequedad,
parecen las plumas de un ala
sin la sangre y la fuerza necesarias
para emprender el vuelo.
Un vuelo de flores y perfume penetrante,
un olor a sazón, al aire del verano,
por el que cruzan gorriones inquietos,
de la semilla al nido,
del nido con pichones que pían
el nombre de otro vuelo.
Imagino la raíz bebiendo las escasas gotas,
con la avidez de su resaca de polvo,
su ardiente sed, evaporación al sol,
y como cada gota va hinchando
los capullos, blanqueando su corolas,
amarilleando su polen,
y esa abeja que zumba su sueño
de miel en la colmena,
que mañana, con el amanecer,
irá en busca del néctar.
Y tal vez, quién sabe, por el azar,
tendré en el otoño, sobre el pan,
esa gota de néctar de manzanilla
en mi desayuno.
R. C. GAL. ROA.
M. 16.12.09 - 02.12'
Ilustración desde:
https://www.cocinafacil.com.mx/.../como-cultivar-manzanilla/



 

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