RESPLANDOR
El pequeño avión ruge
trepando el aire, como
un dragón cuyo fuego
es varios hombres que van
a saltar al vacío, como yo.
El resplandor del sol en un charco
parece una explosión subterránea y estática.
La entraña oscura de la tierra muestra
como si la sombra húmeda
hubiera engendrado luz.
Un estallido silencioso y detenido,
esperando quien sabe que instante
preciso para eclosionar.
Un mínimo big-bang, un instante quieto
dentro de la expansión irrefrenable
que lo contiene.
Esta ilusión óptica es la síntesis
de la belleza, su fugacidad,
su simulación en el afán
de perpetuarse.
Allí donde parece haber una oquedad luminosa
sólo hay la turbidez del agua,
mimetizada con el fango,
impregnada de él, apropiada de él.
Y para enmascarar su opaca realidad,
se maquilla de luz,
se espeja,
se lustra,
se abrillanta,
se miente un destello.
Sólo es preciso el ocaso para que
la luz ocupe el sitio exacto,
y la noche hará sombra de la sombra.
Tal vez mañana el charco
ya no esté.
Y estará la bella luz,
con su incólume vitalidad.
Para darnos alguna certeza
en medio de un incesante desfile
de resplandores.
R. C. GAL. ROA.
L. 27.10.03 - 0.25'


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