EL AIRE DEL ÚLTIMO SUSPIRO
La vida es circular, un infinito final y principio. Cada ser es un instante en ese devenir temporal, un goteo incesante en flujo del agua, devenida en sangre. El aire y el agua, universales y sin fronteras, tienen sin embargo una singularidad distintiva en cada rincón del mundo. El polen, el polvo, la respiración de las bestias y las plantas, la luz procreando los ciclos térmicos, la vibración milenaria de las piedras. Todo es singular en la vocación de originalidad de la materia y su dialéctica organicidad. Dicen que el humano, -su voz, su mirada, su canto, su memoria-, se parece a su paisaje. ¡Tantos motivos nos llevan a un destino de trashumancia! Experimentamos senderos de los que a veces no retornamos aunque la tierra natal se queda en nuestras fibras, con su luz y su aire. Nuestra vida tiene privilegios, menores o mayores, según nuestras aspiraciones de trascendencia. Lo que no es frecuente es que nuestra muerte ostente privilegios. Como por ejemplo, que el aire del ...